recesos


A las 9:01 de un nuevo Lunes, aguzó el oído por un instante y salió presuroso del cubil de su oficina, directo al baño. Se encaramó en el retrete para alcanzar la ventolera y lo único que vio fue un gran portón negro como puerta de garaje con el mismo guardia que dormía alcoholizado después de haber sobrevivido a otra noche en vilo cuidando el burdel.

Decepcionado, empezó a cerrar cuidadosamente la ventana y alcanzó a vislumbrar un rostro en el reflejo del dispensador de condones: -y vos que chuchas me ves pues hijueputa-, le preguntó. Movió la ventana y la cara se transformó en una mueca que parecía sonreírle.

Ahora tenía alguien con quien conversar.

La siguiente vez que fue al baño, mientras descargaba en el urinario, le habló como si fuera una persona. -Esta vez voy a salir y hacer lo del cuento- le decía con los últimos chorros. Cuando salpicaba y expulsaba las gotas finales, le dijo: un día de estos salgo y orino toda la oficina- como en el cuento-. El reflejo no le respondió.

El oficinista volvió a su escritorio y calculó mentalmente la hora de la salida: faltaban 7 horas, dos días para el Viernes, una semana para el fin de mes, dos meses para terminar el año y tal vez toda una vida para salir de esa vida. Al parecer no había salida.

Entonces quiso hacer lo del cuento pero cuando le contó al reflejo, éste le respondió.

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