martes, 1 de diciembre de 2015

desayuno manaba.


Yo no sabía que los desayunos podían morir. Pero ya había pasado algunas veces, entonces empecé a contarlas.  Cuando quise arrancar de cero, sentí que no era justo con la cantidad de desayunos muertos que había presenciado.  Por lo que decidí hacer una cuenta regresiva y empecé en 5.
Luego supe que todas las veces que un desayuno moría, no era de causa natural. Siempre alguien mata el desayuno y yo contabilizaba las veces que Rex lo había hecho.

Las pruebas eran contundentes: invariablemente yo terminaba solo en la mesa, tomando un café tibio.  Pese a que el departamento era diminuto, ella lograba desaparecer. 
Los huevos revueltos y su té cotidiano permanecían intactos y podrían estar allí hasta la noche o el fin de semana entero.   

Pareciera que hubiera desayunado odio. 

Un desayuno muerto nunca llega a la parte dulce. Mermelada y manjar pueden permanecer incólumes. Generalmente yo también termino petrificado, suspendido del cuello, esperando que esos pataleos que siento, sean los últimos.

Pero  no lo son y después me mueve un impulso por cubrir las pruebas y una necesidad de limpiar que me toma el resto del día.  Lavo los platos y pareciera que es con agua consagrada y que, de alguna manera, todo se termina yendo por el caño alguna vez y todas las veces.

1 comentario:

ANA CRESPO dijo...

Todo permanece contenido y silente mientras ambos se descomponen.


Disfruté leerte.